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Kiltro y el estilo Tarantino

“Kiltro, 2006” la ópera prima del director chileno Ernesto Diaz Espinoza, nos sitúa en el multicultural barrio del Patronato en Santiago de Chile, para contarnos  esta explosiva y  distintiva historia que bebe de varias influencias del cine. Marko Zaror encarna el papel de un violento, temperamental y sensible chico, Zamir, que busca conquistar el corazón de la hija del dueño del dojo sin demasiado éxito. Lo que  parecía la trama de una telenovela, adquiere un giro completo de 180 grados con el regreso al barrio de Max Caliba, un cruel y despiadado artista marcial que va en busca de consumar su venganza. A partir de la destrucción del dojo y del secuestro del maestro, Zamir deberá entrenar y crecer como artista marcial para hacer frente a este temible enemigo.

La trama se guía por la clásica historia de superación del héroe, la presentación de un rival poderoso, su entrenamiento y su victoria ante él, no hay nada especial en la historia pero aún así, ¿Por qué resulta tan atractiva? Muchas veces encontramos obras bastante buenas y técnicamente brillantes, pero que aun así, nos deja como si faltase algo más, algún toque o sello personal que la haga distinta y especial. Espinoza recoge varios elementos, argumentos y características formales de distintos géneros donde los sintetiza para crear así una amalgama explosiva de géneros unidos mediante su firma personal.

Es el estilo más propio de Tarantino, basado en su  increíble y abrumadora referencia cinematográfica para crear sus obras. Espinoza se basa un poco en esta tendencia, recoge varias influencias cinematográficas uniéndolas y mezclándolas para crear un metraje totalmente nuevo. Así por ejemplo, podemos ver algunos fotogramas que nos evocan a ciertas películas como “Zabriskie Point” y los desnudos en el desierto, “Furia oriental” cuando Bruce Lee entra en el dojo japonés de Karate y lucha contra todos los alumnos, el maestro enano en la cabaña que se asemeja al maestro Yoda de “Star Wars” o los duelos de mirada a lo spaguetti western acompañadas de una banda sonora que nos evoca a alguna que otra canción de Ennio Morricone como “Man with a harmonica” . Hay cierto ingenio en Espinoza para lograr mezclar todas estas referencias y géneros creando así una obra distinta y personal.

No podemos acabar sin comentar antes las brillantes y espectaculares coreografías en las escenas de acción, siendo la primera película chilena de artes marciales. Todas estas coreografías fueron realizadas por un espectacular Marco Zaror, que nos abrió la boca con la increíble y fabulosa “Mirageman”. Sin duda una interesante película que auguraba un buen futuro para la serie b chilena y latinoamericana.

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