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Ojalá De Palma hubiese dirigido Mil gritos tiene la noche (1982)

A veces a uno le da por fantasear con universos paralelos en los que tal director dirige tal película. Es como tener dos juguetes muy distintos y juntarlos en el mismo universo de la imaginación. Siempre que tengo que imaginar una película que podría ser mejorable y un director que justamente en ese momento no tengo dudas que podría haber hecho algo maravilloso pienso en dos nombres; Mil gritos tiene la noche (1982) y Brian de Palma.

En el mundo real, esta cinta la dirigió Juan Piquer Simón, (1935-1976) un nombre interesante, y en buena medida olvidado, dentro del cine español. Valenciano de nacimiento, J.P Simon (Su pseudónimo anglosajón) hacía películas en España al estilo americano; la mayoría de su producción es cine de aventuras basado en las novelas de aventuras de Julio Verne, aunque también tocó el cine de terror en varias ocasiones, como en Mil gritos tiene la noche (1982), reseñable slasher rodado con mayoría de actores estadounidenses, incluso aparece un sucedáneo de Bruce Lee llamado Bruce Le, sobre un asesino en serie muy cercano al de La matanza de Texas (1974), ya que ambos se purgan asesinando jovencitos con un motosierra. La película fue un taquillazo en Estados Unidos, llegándose a estrenar en 97 cines y haciendo 720.000$ de recaudación, cifra considerable entonces, mientras que en España no pasó de ser un estreno muy discreto.

Por la otra parte de la ecuación, Brian de Palma llevaba en 1982 un racha de películas espectaculares, Fascinación (1976), Carrie (1976), Vestida para matar (1980) e Impacto (1981). Algunas de ellas tienen elementos que están presentes en la película de nuestro compatriota valenciano, a priori la que más se asemeja es Carrie (1976), por ser una cinta de terror teenager que empezaba como una película de explotación con esa escena en el vestuario femenino. Pero hay más elementos en el slasher español como el tema del voyeurismo que es muy recurrente en las películas de De Palma. Si uno piensa en esa escena de puro cine mudo de Vestida para matar (1980) en la que dos personas se persiguen en un museo, se da cuenta de que el director americano estaba en una forma excelente, que se materializaba en una manera de hacer suspense que nada tenía que envidiar al cine de su mentor, Alfred Hitchcock.

Es muy difícil explicar este crossover imaginario con palabras porque hay elementos de la narrativa cinematográfica que se me escapan. Invito a cualquier persona a que vea estas películas de De Palma, que me parecen sobresalientes, y a su vez Mil gritos tiene la noche (1982), y que juzguen si lo mío con De Palma, como cantaba el grupo de bachata Aventura, “no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión”.

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