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Lone Fleming: “Fue maravilloso sentir el cariño de los fans”

Lone Fleming (Aarhus, 1945) atiende por teléfono. Por este medio nos perdemos el rasgo que más caracterizaba a esta actriz que destacó en el cine español de los 70; sus ojos. La mirada de Lone Fleming le daba una mística especial a las películas en las que aparecía. Principalmente rodó bajo las órdenes de los grandes nombres del terror clásico español; Eugenio Martín, Amando de Ossorio o Paul Naschy.

Pero bueno, en esta situación no queda otra y nunca está de más escuchar. Aquí dejamos el testimonio y las reflexiones de Lone.

Llegaste a España desde Dinamarca a finales de los 60. ¿Cómo fue ese cambio cultural?

Yo había estado con mi madre en la Costa Brava, en Llansá, de vacaciones, y me gustó mucho España. Luego estuve trabajando en Barcelona, en Muebles Tarragona. Entonces había algo en Barcelona porque las calles eran muy pequeñas y yo quería espacio, que hoy Barcelona ha cambiado, es una ciudad maravillosa, y me hablaban de Madrid, entonces me vine a Madrid y luego busqué un trabajo de vender libros. En un autobús conocí a César Burner, que trabajó conmigo de protagonista en Noche del terror ciego (1972), y entonces como eso era… que si no vendía no comía… Entonces César me dijo: “Lone vente conmigo a Madrid y te meto en Fotonovelas”. Ya, a partir de ahí, me consiguió un agente, que se llamaba Manolo Sellés, empecé desde cero; con participaciones, luego un frase, luego tres, luego me piden más… Así desde cero.

¿A Eugenio (Martín) lo conociste en esos comienzos?

No, no, no. Le conocí en La última señora Anderson (1971)

La última señora Anderson (1971) - Filmaffinity

¿Cómo era trabajar en el cine del destape desde el punto de vista de la actriz?

Trabajar de actriz es siempre igual, hoy y ayer. Claro, el rodaje anteriormente era muy distinto a hoy. Yo no sé si había cortos, yo creo que no existían.

A lo mejor se hacían pero no se distribuían.

Claro, a lo mejor había algún canal especial para cortos, pero había muy poco. Para los directores jóvenes era mucho más difícil entrar en el cine cuando yo era joven, porque, o tenías un buen guion y lo vendías y cobrabas, o no lo hacías. Hoy en día es totalmente distinto, cualquier persona joven, siempre y cuando tenga talento, puede hacer un corto con nada. Yo siempre digo; si la gente joven quiere empezar a ser directores, que empiecen por abajo, por adquirir experiencia. Hay cortos de 3 minutos, 5 minutos… un corto normal no debe durar más de 15 minutos, porque entonces es difícil de colocar. Si tú en un minuto o dos puedes contar una historia que tenga sentido, eso es muy valorado. Busca tus personajes en la gente que conocéis, rara, distinta… y además, a lo mejor tienes un amigo, un abuelo u otra persona, y de pronto lo observáis, le escucháis, y de pronto sale y corto y dices: “Coño, esto lo puedo usar”. Y luego está el comienzo, nudo, desenlace, que si tienes el final es mucho más fácil.

Tú estos consejos los puedes dar tras debutar con 72 años como directora con La virgen descalza (2019)

Sí, y luego, a la hora de elegir actores mirad siempre los actores que van para ese papel que tú tienes en mente. No porque es más guapa o más fea, sino porque va. Eso es muy importante. Feo, gordo, guapa, o lo que sea.

Tráiler de La virgen descalza (2019). Primer cortometraje de Lone Fleming.

Esas enseñanzas puede venir de directores con los que has trabajado como Juan Piquer Simón o Amando de Ossorio. ¿Qué hacía diferente a Amando?

Le hacía diferente que teníamos dos cosas en común. Yo pintaba, ahora no puedo porque tengo alergia en las manos a la pintura, pero yo siempre he pintado. Como yo vi que Amando era pintor, eso nos creaba una unión muy bonita. Por ejemplo, él bajaba por la mañana a primera hora con los actores, y me enseñaba un dibujo o una pintura, me decía: “Lone, esto es lo que quiero hoy, esto, esto y esto”. Ensayábamos todo los actores, pero yo le entendía todo en seguida. Tuvimos una amistad bastantes años. Entonces, Amando estaba más preocupado por los templarios que por los actores, porque éramos un equipo de actores, César, Elena, Pepe, María Silva, que estábamos muy unidos, entonces hace que todo sea mucho más fácil. Entonces, os voy a decir, mucho cuidado con buscar a una persona problemática.

¿Actores problemáticos hay muchos?

Te lo digo, es cuestión de conocerlos antes, tratarlos un poco y luego decides. Eso es una advertencia, trata de no buscar personas conflictivas.

Desde 1984 hasta 2012 no hiciste ninguna película. ¿Qué se siente al volver a tu pasión después de tantos años?

Mira, yo tuve que dejar el cine debido a mi acento. Tanto yo como Nadiuska, que desgraciadamente terminó en la calle porque su representante la jodió. Terminó en la calle y un convento la cogió, y vive en el convento ahora mismo. O Dyanik Zurakowska, que luego la vi, tenía una tienda de cerámica en la costa, era una chica encantadora. De Nadiuska me acuerdo mucho y me da mucha pena. Como todas las extranjeras que habían venido aquí teníamos acento, de la noche a la mañana empezó el sonido directo entonces ya no nos llamaban. Yo dije: “bueno, me voy a trabajar”  y como había trabajado en hoteles en Dinamarca me fui a trabajar al Eurobuilding. Entonces hace, no sé cuántos años hace ya, deben ser 7 u 8, por fin conseguí un ordenador, abrí, me puse mi nombre normal, y en cuatro días todo el mundo ya sabía que era Lone Fleming, y tengo fans en todo el mundo.

Entonces se puede decir que gracias a internet tu carrera ha vuelto a funcionar.

Sí. Fue maravilloso sentir el cariño de los fans, lo que me quieren, los adoro, escribo a todos, lo que quieran, siempre estoy ahí.

Desde luego, hay que reconocer que has participado en muchas películas que ahora se pueden considerar como de culto, como lo es Una vela para el diablo (1973), que me parece una película buenísima.

Bueno (risas), además me encanta mi papel, porque soy yo.

¿Una turista extranjera que viene a España?

Sí. No tenía que actuar. Yo soy yo.

En una entrevista contaste que hiciste de mexicana alguna vez.

Sí. En El hombre de Río Malo (1971). Ahí le dije a Eugenio: “déjame hacer este papel, que me encanta”, y me dice: “Tú no puedes hacer de una mexicana”. ¿Qué no? Me hice una foto con un amigo y me puse peluca y todo, me dijo Eugenio: “Bueno, no está mal”. Lo presentó al productor americano, y le dice: “Sí, pero tiene los ojos verdes”. También hay mexicanas con ojos verdes, pero luego les gustó la foto y al final me dijeron que sí.

Lone de mexicana.

Ahora se nota mucha como en las cine americano cada personaje intenta tener su idioma y su acento propio.

Sí, es curioso. Yo creo que tiene más gracia, que la gente hable con su acento. Con el digital, a los nuevos directores no les importa un acento. Ya estamos tantas nacionalidades en el mundo. Además que añades una frase: “Cuando estaba en mi país…” y listo.

¿Qué cambios has notado en las producciones españoles desde los 70 hasta ahora?

Muchísimos. Me alegro muchísimo por los jóvenes hoy, que con una cámara puedan hacer un corto. Si tienen talento, siempre lo digo. Tienen que tener en cuenta que antes tú podías rodar donde quisieras, pero hoy, en los tiempos que corren, no hay dinero, pero la gente quiere seguir rodando, entonces, ¿quién cobra aquí? A veces el cámara y a veces no cobra nadie. Hay que tener un dinero para hacerlo, porque si no, no es justo que la cámara, sonido y maquillaje cobren y los actores no cobren. ¿Qué iba a hacer la gente si los actores dicen: “mira, no trabajo”? Aunque cobre poco, porque si no pierden la seguridad social el día de mañana, si no cotizan pierden toda su vida. 50€, lo que sea.

Por lo que estás diciendo entiendo que en las producciones españolas de los 70 y 80 había mejores condiciones laborales que en las de hoy

Yo creo que sí. No te hablo de las películas de dos o tres productoras o de televisión, te hablo de cortos, que es de donde pueden salir directores de cine, los que tienen talento.

En 2011 dijiste que no te gustaba el terror porque te daba miedo, y ahora has dirigido terror, incluso.

Mira, nunca me ha gustado ver películas de terror cuando era joven, pero luego me gusta hacerlos, me gusta rodarlos. Porque el rodaje de una película de terror es tan variado… Es otra cosa.

¿Tiene algo diferente a rodar un western, por ejemplo?

Sí, porque en un western o una comedia más o menos sabes lo que va a pasar, pero en una película nunca sabes cómo va a salir. Es divertido.

¿Tienes en mente debutar en los largometrajes?

No. Antes del confinamiento iba a rodar un corto que se llama Eres una hija de puta, de abusos, un poco fuerte, y no sé si lo voy a hacer, porque en esta situación en la que estamos es muy difícil. Y luego tengo otro escrito que se llama… bueno, no voy a decir el título, que me lo roban (risas). Este es también de abuso, pero con dos mujeres que se encuentran debido al abuso de los hombres, un poco sensual, pero muy suave, muy bonito, cómo lo hacemos las mujeres.

En otra entrevista decías que hay una diferencia en cómo dirige un hombre o una mujer.

Sí, eso me lo han dicho mucho que eso se nota en mi corto en La virgen descalza (2019). La mujer puede ser muy dura y puede ser muy poética. No sé. No creo que un hombre hubiera cogido a Sandra Alberti para hacer de hombre, así te lo digo. Yo estoy harta de que los hombre siempre se enamoran de mujeres jóvenes, y nunca existen las mujeres mayores, entonces yo quería una especie de antigüedad en la película. Sandra, que tiene una cara muy especial y yo la estuve observando y le dije: “Sandra, ¿quieres hacer de hombre en mi película?”, me dijo que sí, hicimos unas pruebas y adelante. Eso es muy valiente, a un hombre no creo que se le hubiese ocurrido.

¿Cómo es trabajar con tu pareja en un mismo rodaje?

Problemas con Eugenio ninguno, porque es un magnífico director de actores. Magnífico. Siempre trabajaba con los actores, hablaba con ellos… Ningún problema.

Una película de Eugenio que te quería comentar porque hay muy poca información sobre ella. La vida privada de una señorita de bien (1976)

Ah, Call Girl (risas)

¿Qué pasó con aquella película? Según la hemeroteca de El País estuvo prohibida.

Sí. Esa película, entre todos, hemos estado buscando esa película. Entonces, no sé, lo último que sé es que un empresario importante compró una nave llena de películas, y yo creo que Call Girl ha estado dentro de esa nave, y sencillamente, se ha perdido.

¿De las actrices con las que trabajaste en esa época, como Aurora Bautista o Esperanza Roy, tienes buenos recuerdos?

Maravillosos. Esperanza y yo fuimos muy amigas durante una época, salíamos juntas. Había una discoteca a la que iban todos los actores, y yo una vez le hice un vestido para ella. Bueno, la adoro.

Se ve muy buen rollo en ese star system que había en el cine de terror español.

Sí, pero ¿sabes lo que también pasaba? Una actriz, si hacías un papel de menos importancia, cuando terminabas el papel, te dicen: “Lone, ya te puedes ir, te lleva fulanito”. Siempre te recogía y te llevaba un chófer. Si tenías un papel de menor tamaño no llegabas a intimar mucho con los actores. Hacías tu papel y te ibas a casa. Cuando tienes un papel más largo es mucho más fácil, pero yo también he sido una persona que he tenido mis amistades fuera del cine.

Recomiéndanos una serie o película que te haya gustado últimamente.

De películas, hace tiempo vi una película de terror en Netflix, de poco presupuesto. Una película muy sencilla, americana, con la que pasé un miedo que no he pasado con ninguna película. Hush (2016), de una chica sorda, que vive en una casa en el bosque y hay un asesino fuera. La lucha de ella con el asesino es, para mí, de terror sencillo, pero te atrapa. Buen guion, buenos actores, olé.

Y Extinction (2015), de Miguel Ángel Vivas, de zombies, con personas atrapadas en la nieve. No me gustan las películas de zombies, pero esta me ha gustado porque incluye amor, odio y todos los sentimientos del ser humano. Es la película que más me ha impactado en mucho tiempo. Es una amistad impresionante, de amor, de amistad, de cariño…

Me estoy tragando Friends. La vi en español, entonces no me hacía gracia. La he cogido en inglés y me parto de risa. En inglés es superdivertida. Las voces, los gestos… no tiene nada que ver.

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