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“Probablemente el cine no es el mejor formato para trasladar pensamientos racionales, pero es imbatible para trasladar emociones”

Charlo con el director Víctor García León (1976, Madrid) sobre cine, historia, música, fotografía y lugares que ya no existen. Todo en relación a su nueva película Los europeos, basada en la novela homónima de Rafael Azcona. Cinta bonita y amarga, como la vida misma.

Pregunta. En Los europeos la dirección artística, el vestuario y la banda sonora consiguen, desde un primer momento, trasladar al espectador a otra época, ¿Ha sido complicado recrear, tanto física como espiritualmente, la Ibiza de finales de los 50?

Respuesta. La verdad es que nosotros hemos intentado hacer una película de época intentando que no fuera muy de época, o sea, que no se nos vieran las costuras de producción y que hiciéramos la película como hubiéramos hecho una película indie de ahora. Ya que el presupuesto de estas películas siempre es ajustado, le hemos puesto mucho criterio, para que no haya muchos coches de época, ni muchos trajes… pero que sí haya una especie de clima de la época. Y creo que Anna Pujol, la encargada de la ambientación de arte, lo hizo extraordinariamente bien, porque hay más cariño y más cuidado en los pequeños detalles.

P. Los interiores, las fiestas…

R. Exacto, te va llevando a aquel tiempo a través de cosas muy pequeñas. Digamos que no es la típica película de época que termina con una batalla muy cara, sino que te lleva a la época más bien cuando se toman un café o se fuman un cigarrillo.

P. Mucha canción italiana, francesa, inglesa… ¿qué hay detrás de la banda sonora?

R. También alemana y norteamericana. De alguna manera, Ibiza a finales de los 50 se convirtió en un puerto de llegada para un montón de náufragos. Por ejemplo: desertores americanos de la Guerra de Corea, fascistas italianos que no tenían ya sitio en una Italia donde los partidos de izquierda estaban subiendo, nobles arruinados del este de Europa que huían del comunismo…  llegó gente de cualquier lugar a un sitio muy amable donde podían no hablar de política porque había una dictadura -creo que a todos les venía muy bien- y al mismo tiempo era un sitio con un clima estupendo. La fauna que se juntó ahí era una burbuja de imposible reproducción, o sea, te podías cruzar con el falsificador de arte Elmyr de Hory, apareció por allí Orson Welles… Había de todo lo más variopinto que se puede uno imaginar.  No hay otro sitio en el mundo que haya asilado a tantos desubicados.

P. Los Europeos me ha dejado la sensación de que es una película con ciertos tintes nostálgicos propios de los últimos días de verano, cuando se empieza a echar de menos algo que aún no ha terminado. ¿Era su intención retratar este sentimiento?

R. Nosotros hemos intentado fomentar la melancolía, pero no la nostalgia, porque la nostalgia implica echar de menos un año en concreto o una parte de tu juventud, y nosotros pretendíamos que echases de menos algo que no has conocido, que anheles un paraíso perdido que cuando entras al cine ya está perdido.

La película sí tiene matices del final del verano,  pero creo que tiene más de esos fantasmas sentimentales de la primera novia, del primer novio, de aquellos amores que no volvieron y te dejaron con la pregunta de qué hubiera pasado.

P. ¿Qué importancia tiene la mirada de la directora de fotografía, Eva Díaz en este enfoque melancólico?

R. Eva ha sido muy cómplice, pero cómplice en el sentido criminal del término, o sea, cuando a mí me arrastren a la cárcel por hacer esta película, a la primera que denuncio es a ella, porque desde el principio ha acercado la película a la fotografía de Eggleston de los cincuenta y sesenta, a ese color que ya no existe y que probablemente nunca existió, ya que cuando se tomaron aquellas fotos tenían un color propio que se ha ido desvaneciendo con el paso del tiempo.

P. Cuando la ubicación de la película cambia de Ibiza a Barcelona, la fotografía también lo hace. De la euforia a la tristeza.

R. En la parte de Barcelona cambia muy sutilmente el color, esa especie de desvanecimiento del color se va trasladando a unos grises y a unos verdes, que le dan a la película el mismo aire como de otra época, pero desde luego, una época mucho menos luminosa y mucho peor.

Creo que la película sí es muy lúdica al principio y sí es muy triste al final. Decía Azcona una frase que a mí me gusta mucho “el cine es imbatible en lo superficial”. Nosotros no trabajamos sobre elementos intelectuales, porque probablemente el cine no es el mejor formato para trasladar pensamientos racionales, pero es imbatible para trasladar emociones. Y en este sentido, Eva me llevó de la mano para trasladar esas emociones a la película.

P. Los temas adyacentes al amor y al desamor siempre han sido parecidos a lo largo de la historia ¿ve posible que el espectador se sienta identificado con unos personajes que se desarrollan en el verano de 1958?

R. Espero que sí, por lo menos esa fue nuestra intención, aunque hablar bien de uno mismo siempre da un poco de bochorno (ríe), hemos retratado una historia de amor muy esencial, muy esquemática si me apuras, en la que además hemos quitado la parte del amor, solo hemos entrado en por qué nos enamoramos y hasta qué punto nos enamoramos, y por qué nos desenamoramos, o sea, nos enamoramos de una fantasía y nos desenamoramos porque esa fantasía no encaja exactamente con la realidad. La percha se revela contra la fantasía y decidimos tirar la percha para volver a colgar nuestra fantasía en otra persona. En este sentido creo que esencialmente funcionamos parecido, por lo menos en España. Tenemos esa fantasía de que somos mejores de lo que realmente somos y esas pocas ganas de mejorar.

P. Miguel (Raúl Arévalo) retrata la naturaleza del español medio de la época, ¿es un personaje condenado a la infelicidad?

R. Eso que decían sobre el franquismo de la censura y la autocensura, creo que nuestras fronteras están mas bien dentro de nuestra cabeza que fuera, y que vienen no tanto del franquismo sino que, echando la mirada hacia atrás, desde Fernando Vll para acá puedes elegir el ejemplo que quieras.

Para empezar el título de la película Los europeos. No conozco a ningún español que se sienta incluido en ese título. Tenemos muy claro que los  europeos son los otros y, a partir de ahí, vivimos en un pasillo muy estrecho.  Es complicado encontrar una sociedad que se encuentre tan a gusto en un sitio que critica tanto.

P. Sin embargo, Antonio, el personaje interpretado por Juan Diego Botto, aún siendo un canalla, me transmite que está en paz consigo mismo.

R. Fíjate, pues yo tengo la sensación contraria, creo que es un tipo que a base de ser consciente de quien es, muy probablemente esté al borde de la depresión, porque en este país ser lúcido es un problema. Si tu sabes perfectamente quien eres, a donde vas y lo que te va a pasar y, evidentemente, eso no te gusta, ¡hostia! es difícil afrontarlo. En mi cabeza, el personaje de Antonio, es un tipo que está viviendo los últimos días de felicidad y luego va a volver a la ciudad, se va a casar… le van a pasar una serie de cosas que él considera horribles.

P. Es un tipo al que se le intuyen destellos de bondad.

R. Sí, sí, para mí eso es lo más triste. Hay una frase en Eva al desnudo (1950) que me gustaba mucho, decía Bette Davis: “Las chicas buenas no son tan buenas y las chicas malas no somos tan malas”, y es verdad que yo lo aplico en realidad a todos los personajes. Es interesante ver como la gente aplica “hormas” de película, unos modelos de película muy claros, entonces empieza la película y todo el mundo sabe lo que va a pasar: son dos chicos que van a Ibiza a follar, que son rijosos… te haces a la idea de que la película que vas a ver es una determinada y me gusta ver como la gente se va decepcionando, ya que nada de lo que ocurre después responde a las expectativas, sin dejar de ser una película que va avanzando.

Cartel de Los europeos.

P. ¿Ha sido importante para usted la relación de su padre (José Luis García Sánchez) con Rafael Azcona a la hora de decidirse a adaptar al cine su novela homónima?

R. La verdad es que ha sido más bien al contrario, el hecho de que fueran muy amigos, compañeros de trabajo y muy cercanos, de alguna manera hizo que nunca me planteara adaptar esa novela. La había leído, me había gustado, pero de alguna manera era el pijama de mi padre y no me iba a poner yo el pijama de mi padre (ríe). Luego el productor, Jaime Gona, empujó mucho para llevarla a cabo y terminamos haciéndola. Pese a haberla disfrutado mucho, nunca estuvo en mi cabeza prolongar una tradición familiar ni nada parecido. De hecho la posteridad es una cosa que me resulta un poco rara. Hay un punto en el que entiendo que nos morimos y al hoyo, o sea, que las tradiciones familiares se las quedan los gusanos.

P. Hay cosas mas importantes en la vida que pasar a la posteridad.

R. Para mí, lo que es importante ahora es saber qué pasa con los colegios en septiembre, después ya damos el siguiente paso (ríe).

P. ¿Qué queda de la mirada de Rafael Azcona en la España de hoy en día?

R. Hay una palabra que se ha convertido en adjetivo, que le llaman berlanguiano o azconiano a las situaciones que son muy estrafalarias y muy exageradas. Y yo veo las películas de Rafael y Berlanga, de Rafael y Saura, de Rafael y Trueba o de Rafael y mi padre; y yo lo que veo es a un señor muy honesto, o sea, no veo a un señor que está afilando la punta del lápiz para contar aquello que es increíblemente divertido, sino que sale a la calle y mira, y en ese sentido de honestidad, creo que no hay nada que refleje mejor la España que vivió Rafael que las películas que escribió Rafael. Porque todas las demás -tanto las de Bardem por un lado dramático e intenso, como las de Lazaga por otro lado, que eran muy luminosas y muy optimistas- eran producto de la fantasía, y el único que en esa época observaba de verdad era Rafael.

Lo que sucede es que la realidad no nos gusta, la gente grita mucho y nos enseña las dentaduras y es desagradable, fingimos que la realidad es una cosa más elegante y más tranquila, pero la realidad es esa barbaridad que escribieron Rafael y Luis, que eran unos entomólogos, eran científicos que estudiaban a los insectos.

De hecho, las novelas, películas o incluso las fotografías que tienen un pie en la honestidad, creo que aguantan muy bien el paso del tiempo porque al final, no cambiamos tanto.

P. La película se estrenó el pasado 31 de agosto en Orange TV. ¿Qué opina de la -cada vez mayor- influencia de las plataformas online en el cine?

R. Creo que el coronavirus ha acelerado una tendencia que ya venía existiendo. Muy probablemente en un futuro no muy lejano estrenaremos películas en todos los sitios a la vez y quien quiera la verá en el cine y quien quiera la verá en su teléfono, por descabellado que a algunos nos parezca. El espectador de las películas decidirá cuándo y cómo verlas, y ese calendario que se marcaba de “ahora la puedes ver aquí, ahora la puedes ver allá” muy probablemente estalle por los aires porque hay mucha gente que no se va a mover de casa. No tiene sentido secuestrar las películas para ir beneficiando a unos exhibidores de unos cines que, por otro lado, tampoco están siendo del todo rentables. Entonces creo que tenemos que reinventar cómo enseñamos las películas y esto del coronavirus, probablemente, nos debería enseñar.

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