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Dios, protégeme de lo que quiero

Crítica de la película ‘Martin Eden’, de Pietro Marcello.

¿Es más duro el camino hacia el éxito o el esfuerzo por mantenerse en él una vez se alcanza? Este es el principal –pero ni mucho menos el único- dilema que nos plantea Martin Eden: es difícil que la última película de Pietro Marcello, basada en la novela homónima de Jack London, nos deje indiferentes

Martin Eden –interpretado por un espectacular Luca Marinelli- es un joven marinero italiano de clase obrera que, gracias a una fugaz casualidad, consigue entablar relación con una familia adinerada de la zona. Martin se enamora inmediatamente de la hija de la familia, Elena, y se propone convertirse en escritor para poder integrarse en el aparente atractivo de un mundo burgués que le es totalmente desconocido: “quiero ser como ustedes, hablar como ustedes, pensar como ustedes”.  En este momento comienza la metamorfosis de Martin Eden, en la que el joven sustituye el barco por algunos clásicos literarios y reniega de sus orígenes humildes para escalar en el estatus social y conseguir la aceptación del entorno de Elena.

El film pone sobre la mesa un amplio abanico de debates universales que van desde el contraste entre la política socialista y la filosofía individualista hasta otros como la importancia del entorno familiar y las diferentes caras del amor; todo ello envuelto en una cuidada –y preciosa- fotografía con gran peso argumental que nos transporta a una hermosísima Italia de siglo XX cuyos colores parecen a veces impregnados de esa intensa alegría tonta de principios de verano. La película condensa toda una vida en dos horas y diez minutos que contagian la profundidad de las emociones de Martin al espectador. A su vez, el amplio recorrido del protagonista se intercala con algunos fragmentos de escenas históricas italianas, que el director utiliza como ventanas al pensamiento del Martin escritor: su mundo interior, al igual que el mar al que pertenece, es amplísimo, azul y está siempre agitado.

Quizá un “Dios, protégeme de lo que quiero” sea más apropiado que cualquier frase de taza de Mr. Wonderful para describir la intensidad con la que Martin lucha por su sueño. Me fijo especialmente en la sutil –pero acertada- crítica al elitismo intelectual y en el eterno dilema de si el camino elegido es el correcto. Eso no lo sabemos ni Martin ni yo. En cualquier caso, salgo del cine pensando en la abrumadora belleza con la que la película nos muestra el dolor de una vida, porque el individuo que reniega de sus raíces está destinado a acabar con las ojeras de quien no cree en nada.

Estreno en cines: 18 de diciembre.

3 respuestas a “Dios, protégeme de lo que quiero”

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