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Crítica de De Gaulle (2020)

El pase de prensa para De Gaulle se proyectaba a las diez de la mañana. Como de costumbre entre los de mi calaña, llegué apurado, hipotequé el Opel Corsa en la zona verde más cercana a los cines Verdi y absorbí un brick de zumo como lo haría un niño antes de bajarse del coche de su padre para entrar al colegio: con la mirada perdida, haciendo ruido y replanteándome algunas cosas. Mi día había empezado regular.

Pero como me pasa con el fútbol, al cine es difícil plantarle un no. Es casi un compromiso moral. Da igual que sea un biopic francés o un Udinese – Cagliari, estos fenómenos visuales tienen la capacidad de sorprenderte. No fue el caso.

Un tipo llegó incluso más tarde que yo y enseguida reconocí que ese sujeto reunía características para convertirse en mi amigo. Incluso busqué, sin fortuna, una mirada de complicidad. La película llevaba ya diez minutos y empezaba a dar pinceladas de lo que iba a ser durante los próximos 98, una oda continua a la figura del reconocido héroe galo que lideró la resistencia francesa frente a la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial.

El largometraje de Gabriel Le Bomin narra, desde un prisma íntimo y personal, el convulso 1940 del histórico militar Charles De Gaulle. Un hombre que decide separarse de lo que más ama —su familia— para cumplir su deber patrio. Acompañada de un guion  construido para sentar cátedra en cada intervención de su protagonista, la película recoge fugazmente el paso del General por el campo de batalla para después detenerse en su incursión en la política y su posterior exilio a Londres para liderar la resistencia francesa desde los micrófonos de la BBC.

Aunque la película no duda en remarcar los hitos nacionales del icónico General, Le Bomin intenta destacar principalmente la humanidad del protagonista. Es la historia de un buen hombre que ama y es amado, un padrazo que añora reunirse de nuevo con los suyos y hará lo imposible para conseguirlo. Especialmente emotivas son las escenas junto a su hija pequeña Anne, quien tiene síndrome de Down.

La interpretación de Lambert Wilson es, posiblemente, lo más destacable de esta producción. Sin embargo, físicamente no se parece demasiado al propio De Gaulle, quien sí es clavado al portero del Real Madrid Thibaut Courtois. A las pruebas me remito.

En definitiva, De Gaulle es un drama familiar aceptable en el que ninguno de sus elementos es demasiado especial. Nada en ella nos dejará huella y, seguramente, dentro de algún tiempo nos sorprenderá en alguna sobremesa de domingo en La 2 disputándose el share contra los telefilms alemanes. De poder a poder.

*

Cuando salí de la sala, el tipo que entró tarde ya se había largado. Llegó el último, se fue el primero. Talentino.

Estreno en cines: 20 de noviembre.

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