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“En guerra con mi abuelo”, o cuando Robert De Niro se puede permitir hacer lo que quiera

Crítica de la película ‘En guerra con mi abuelo’, dirigida por Tim Hill.

En guerra con mi abuelo (2020) es la película prenavideña – que transcurre en septiembre- y de Netflix -sin ser de Netflix- que cuenta la guerra que un niño (Oakes Fegley) declara a su abuelo (Robert De Niro) cuando este último, tras la muerte de su esposa, se muda a la casa de su hija y “conquista” la habitación de su nieto.

Tim Hill (Alvin y las ardillas, Hop) vuelve a dirigir una comedia para toda la familia y esta vez cuenta con actores de la talla de Robert De Niro, Uma Thurman y Christopher Walken. Lo que a priori podría parecer un producto como mínimo entretenido, acaba siendo una película aburrida casi desfasada más propia del 2010 que no aporta absolutamente nada nuevo y que, además, tiene ese estilo visual de comedia cutre de Netflix hecha para un consumo excesivamente rápido. A todo esto hay que sumarle la larga lista de gags interminables y los personajes que sólo están ahí para soltar su broma y marcharse, como el padre (Rob Riggie), cuya única función es gritar porque ve desnudo a su suegro – que tampoco lo culpo, debe ser impactante ver a un actor del calibre de De Niro siendo mangoneado de esa manera.-

Por otro lado, no me queda claro en qué película está Uma Thurman porque parece fuera de todo lo que ocurre a su alrededor: interactúa poco con los demás personajes y, si lo hace, es para gritar y volverse una madre sobreprotectora con cero coherencia. Los únicos personajes que amenizan los 90 minutos del largometraje son el de la hija pequeña obsesionada con la Navidad y los colegas viejunos (el momento de la dentadura en las camas elásticas, el mejor para mí).

La película se resuelve de manera lenta y torpe cuando intenta acercarse a un tono más sentimental fallando estrepitosamente al no haber tenido la oportunidad -no sé si por tiempo o por guion- de empatizar con ninguno de los personajes, por lo que el monólogo antibelicista que se marca el abuelo nos deja con la sensación de que se ha metido con calzador una moraleja final que, unos minutos después, cae al dejar abierta la posibilidad de una secuela.

Lo admito: no soy de risa fácil. Pero una cosa es no reírme y otra envidiar al hombre que se quedó dormido en la sala sin miedo a ser juzgado, ronquidos incluidos. Definitivamente es más divertido ver a ardillas cantando Funkytown.

Estreno en cines: 4 de diciembre.

Ya disponible en Amazon Prime Video.

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