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Nuevo Orden, lo mismo de siempre

Crítica de Nuevo orden (2020), dirigida por Michael Franco

El Leicester ganó una liga con Danny Simpson de lateral derecho. Portugal conquistó su única Eurocopa con un golazo de Éder. El Langui tiene un Goya y Ronaldo Nazario, pese a su afición a las shemales, lleva cinco años seguidos con novia y vive tranquilamente en Valladolid. Lo azaroso, lo inesperado, nos mantiene con vida. Nos saca una sonrisa. Hace justo un año fui a visitar a un amigo a un pueblo perdido del Bierzo. Mi primera noche allí coincidió con el cierre de las fiestas locales, cuando a las mil de la madrugada ocurrió algo mágico: nos encontramos en la discoteca a Dinio, le pedimos una foto, alguien se rió de él, no se lo tomó muy bien y fue a por una pistola al maletero de su coche. Una maravillosa historia, un capricho de la fortuna.

Una máxima para intentar vivir medio contento es no hacerse ilusiones con casi nada; dejarle la puerta abierta a la sorpresa, a la reivindicación. No hay nada peor que generar expectativas porque pocas veces llegamos a cumplirlas. Jesé dijo que iba a ganar un balón de oro. Mi tío, junto a un colega con el que compartía piso, acertó 15 en la quiniela. Inmediatamente después, llamaron a su casero para decirle a aquel tacaño que se cagaban en su puta madre, que eran ricos, que se iban del piso y que se jodiera. Por lo que sea, ese fin de semana más gente de la cuenta acertó el pleno al 15, el premio se repartió entre muchos y los chavales solo recibieron unos cientos de euros. Pese a las malditas expectativas, mi tío ni se hizo rico ni dejó el apartamento. Jesé está a punto de debutar en Segunda División.

Algo parecido le ha sucedido a Nueva orden, la recientemente premiada con el Leoncino de Oro en Venecia. Tras recibir el galardón y ser denominada por la crítica como «la Parásitos del año» han llegado las decepciones. La película de Michel Franco, acusada de criminalizar a la población indígena, ha sido víctima de la nueva cultura de la cancelación en su Méjico natal. Es más, para decepción de su director, Nueva orden no representará a su país en los Óscar.

Tras un comienzo prometedor representado mediante una boda de la alta burguesía mejicana –gente blanca, trajes caros, niños pijos, MDMA y besos retorcidos–, que por su ritmo recordaba a Relatos salvajes, el largometraje vira hacia una violencia desmedida, casi hanekiana, que supera el umbral de la sorpresa y te deja indiferente frente a los disparos en la cabeza. En definitiva, otra rebelión del vulgo contra los poderosos, otra vacía vuelta de hoja a la idea orwelliana denotada en Rebelión en la granja. Nada nuevo, lo mismo de siempre: gatillo fácil, torturas, lamentos, policías corruptos y demasiados cadáveres.

Estreno en cines: 19 de febrero

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