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El potaje de vigilia hecho cine

Crítica de ‘Monster Hunter’, película dirigida por Paul W.S. Anderson.

Normalmente no soy una persona que destaque por comer pesado y en grandes cantidades, sin embargo, el otro día tuve un error de cálculo. Me encontraba en una cafetería de facultad dispuesto a comer un económico menú. 5,80€ por dos platos, con bebida, pan y postre. En estos sitios una persona te atiende tras la barra metálica de buffet y te va preguntando qué te echa.

De primero podía elegir entre una menestra, un consomé y un potaje de vigilia. Me decidí por lo contundente. La menestra me parece un plato de dieta de principios de los 2000. Solo lo consideraría si las verduras estuvieran sepultadas en mayonesa. El consomé ya lo había probado en otras ocasiones y no desmerecía, pero el cuerpo me pedía algo más que caldo. No era día de vigilia, pero por algún motivo siempre he pensado que en ocasiones encorsetamos comidas y bebidas en momentos de año concretos, cuando no hay razón aparente para ello. En pocas palabras, mojito en invierno, ¿por qué no?

Mis amistades ya saben que suelo equivocarme a la hora de decidir qué comer. Mi madre, que siempre me ha calado, me diagnosticó de catacaldismo hace años y no se equivocó.

De segundo me ofrecían tres opciones distintas. Menestra 2: El regreso de la zanahoria blandurria, ensalada de pasta y estofado de carne. Por algún motivo mi mente no pensó que habría relación alguna entre el potaje de vigilia y el estofado. Fui consciente de mi error cuando vi que estos dos platos estaban dentro de la misma bandeja. Yogur natural de postre y una hogaza de pan integral.

Estaba todo bueno. Comí rápido para la cantidad que tenía delante de mis ojos. Tenía hambre y debía partir para el pase de Monster Hunter (2020), la película de la que creo que comentaré algo al final si me acuerdo. Del sitio donde había comida al lugar en el que se proyectaba la película había algo menos de 2 kilómetros. Según el único demiurgo en el que creo, Google Maps, un total de 25 minutos andando. Bueno, un paseo no me vendría mal para bajar la comida.

De nuevo fallé en mi predicción, el paseo se tornó en viacrucis penitente. A los pocos metros de salir ya me di cuenta de que el recuerdo de los garbanzos, espinacas y bacalao del potaje me acompañaría durante el resto de travesía. Tampoco quiero excusar a la ternera (muy melosa, por cierto) y a los guisantes. No tardaron en llegar las náuseas. Durante varios momentos del trayecto me quedé parado de pie con el objetivo de coger aire, pero era pan para hoy y hambre para mañana. Seguía sufriendo de empacho a cada paso. Por suerte tenía unos minutos de margen, que empleé en descansar en un banco. Gloria bendita. Estaba muy cerca ya del lugar y me encontraba medianamente bien.

Llegué a la proyección y mis temores pasaron a ser otros. Posibles gases que, por suerte nunca llegaron, o caer en el sueño profundo y tranquilo del empachado. Las butacas suaves y cómodas que invitan a que amoldes tu cuerpo a ellas. No soy muy dado a dormirme viendo una película, pero sí que me ha pasado en más de una ocasión el dar cabezadas hacia los lados fruto del duermevela apacible.

Por suerte encontré una aliada a la hora de luchar contra el quedarse frito; la propia película. Esto es la principal virtud que le quiero destacar. Paul W.S. Anderson demuestra que ha nacido para dirigir estas películas. Monster Hunter (2020) es una película apoteósica, que no da tregua. Es el cubata que baja la comilona. Su hora y tres cuartos de metraje es un continuo ir y venir de estímulos cuyo encaje está bien engrasado.

El conjunto de películas que va recorriendo esta adaptación de videojuego es de lo más variado. Los primeros momentos, y muchas partes posteriores, son claramente el último Mad Max, mientras que también se transita por el asedio de la obra maestra fordiana Lost Patrol (1936), la acción bélica aérea o la buddy movie del tándem compuesto por unos fantásticos Mila Jovovich y Tony Jaa, cuyo arrojo y valentía contra monstruos fantásticos enormes son verdaderamente admirables.

Esta curiosa dupla de graduados en Ciencias del Mamporro funciona como el arquetipo clásico de la narrativa colonial en el que el blanco entra en el mundo de los nativos, y por destino o espíritu menesteroso, los ayuda en su lucha contra la amenaza externa, en este caso, monstruos gigantes. De modo que esta versión ágil del coronel Kurtz interpretada por Mila Jovovich será un engranaje más del escuadrón liberador de Tony Jaa y sus congéneres, que son un híbrido entre humano y disfraz furry, a destacar un saleroso felino cocinero y un Ron Perlman en la piel de un peludo traductor que dirigirá a esta curiosa patrulla militar hasta la gloria.

Ningún momento de esta misión es descafeinado, desde el principio hasta el final no se escatima en peleas y momentos de acción espectaculares. En ocasiones se hace un análisis simplista para achacar a este tipo de películas que la historia o los diálogos son deficientes. Yo creo que aquí, como en una receta de fina repostería, está todo muy bien medido.

Hay cosas de las cuales no me entero, pero creo que me enteraría jugando al videojuego o viendo la segunda parte, que ojalá se haga. Excuse moi.

Estreno en cines: 26 de marzo.

Traíler de ‘Monster Hunter’

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